miércoles, 16 de diciembre de 2009

LA CAJA RONCA

LA CAJA RONCA

Había una vez en San Juan Calle un chiquillo curioso que quería saber en qué sueñan los fantasmas. Pues este pequeño había escuchado sobre unos aparecidos que merodeaban en las noches de Ibarra, sin que nadie supiera quiénes eran, pero que de seguro no pertenecían a este Mundo. -¡Ay Jesús!, decía Carlos, ojalá no salgan la noche en que tengo que regar la chacra. Sin embargo, este muchacho de 11 años era tan preguntón que se enteró que las almas en pena vagaban a medianoche para asustar a todos los que salían. Estos seres, según decían, penaban porque dejaron enterrados fabulosos tesoros y hasta que alguien los encontrara no podían ir al cielo.Estos entierros estaban en pequeños baúles de maderas duras para que resistieran la humedad de las paredes.Carlos moría de ganas de conocer a esas almas en pena, aunque sea de lejos y fue a la casa de su amigo Juan José para que lo acompañara al regadío.-¡Qué estás loco!, dijo Juan José. Yo estaba en el barrio cuandohablaron de la Caja Ronca, queera como habían denominado aesa procesión fantasmal.-No seas malito, le dijo Carlos.Y luego de insistir, los dos chicos caminaron hasta el barrio San Felipe. Empezaron a regar los sembríos y después prendieron una fogata y esperaron que el tiempo transcurriera, eso sí evitando hablar de la temible Caja Ronca. Atraídos por la magia del fuego no tardaron en dormirse, mientras un ruido pareció entrar por el portóndel Quiche Callejón. Despertaron y el sonido se hizo cada vez más fuerte. Entonces se acercaron a lahendidura y lo vieron todo:Un personaje extraño rodeado de fuego daba órdenes a sus fieles, que caminaban lentamente como arrepintiéndose. Los curiosos estaban pegados al portón como si fueran estatuas. Y entonces la puerta sonó. A su lado se encontraba un penitente con una caperuza que ocultaba sus ojos. Les extendió dos enormes velas aún humeantes y se esfumó como había llegado. A Juan José le pareció que una carroza contenía la temible Caja Ronca, que no era otra cosa que algún baúl lleno de plata perdido en el tiempo y el espacio y que buscaba unas manos que lo liberaran de su antiguo dueño. Ni cuenta se dieron cuando se quedaron dormidos, ni aún en el momento en que sus pies temblorosos los llevaron hasta sus casas de paredes blancas. En San Juan Calle, las primeras beatas que salieron a misa los encontraron echando espuma por la boca y aferrados a las velas fúnebres. Cuando fueron a favorecerles comprobaron que las veladoras se habían transformado en canillas de muerto. Fue así como, de boca en boca, se propagaron estos sucesos y los chicos fueron los invitados de las noches cuando se reunían a conversar de los sucesos de la Caja Ronca...
A continuacion un video:

El PADRE ALMEIDA


EL PADRE ALMEIDA

Hace muchos años había en Quito un convento de monjes. Cuatro novicios, después de trepar las tapias del convento , salieron en navidad a comer buñuelos. Entre ellos estaba el novicio Almeida. Avanzaron hasta la Fuente del Sapo. Entraron a una casa. ¡Que sorpresa mas de una docena de frailes allí!. Tocaban la guitarra, se divertían y comían buñuelos.
No hay nada de malo en todo esto.
Sí. Pero lo mismo sucedió durante varias noches. Al fin Fray Almeida llegó a invitar a sus compañeros de convento cierta vez, al trepar como de costumbre por un Cristo de manera , éste le preguntó:
¿Hasta cuando Padre Almeida?
Aquél le respondió:
Hasta la vuelta, Señor...
Fue basta. A su regreso el Padre Almeida, se hincó delante del crucifijo. Le prometió no salir nunca más. Se arrepintió de sus culpas.
A continuacion presento un video:

LA CASA 1.028


LA CASA 1028

Había una vez una niña llamada Bella Aurora. Era hija de padres ricos y cariñosos. En aquel tiempo la Plaza de la Independencia no tenía el monumento a la Libertad, sino una pila al centro. Allí se realizó una gran corrida de toros.
En segundo lugar salió un toro negro. Luego de mirar a su alrededor se acercó lentamente hacia Bella Aurora, quien se desmayó del susto. Sus padres la llevaron a curarla del espanto.
Dicen que el toro negro se desesperaba en la plaza. Buscaba a la niña. Al no encontrarla saltó la barrera y se fue a la casa 1.028. Rompió la puerta de la calle. Subió al corredor. Olfateó por todas partes. Entró al dormitorio de Bella Aurora. Al ver al toro, ella quiso huir, pero no tubo fuerzas.
Solo alcanzó a dar un grito fuerte, mientras el toro la embestía. El animal desapareció después. Se hizo humo.
-¿Y los padres de Bella Aurora?
-Lloraron bastante por la muerte de su querida hija.

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